Cuando era adolescente, James Harrison vivió una experiencia que cambiaría su vida para siempre. En 1951, con solo 14 años, necesitó una cirugía mayor que casi le cuesta la vida. Gracias a una gran cantidad de sangre donada, pudo sobrevivir. Este acto de generosidad ajeno lo inspiró a hacer lo mismo cuando alcanzó la edad adecuada para donar.
A los 18 años, Harrison comenzó a donar sangre y pronto los médicos descubrieron algo extraordinario: su plasma contenía un anticuerpo raro que previene la enfermedad hemolítica del recién nacido, una condición que puede causar anemia grave o incluso la muerte en bebés. Este descubrimiento convirtió sus donaciones en algo único y vital para la salud pública.
Desde la década de 1960, el plasma de Harrison se utilizó para producir la inyección Anti-D, un tratamiento que protege a los bebés de madres Rh negativas de ataques inmunológicos durante el embarazo. A lo largo de 64 años, Harrison donó más de 1,100 veces, cada vez contribuyendo a salvar vidas inocentes. La Cruz Roja Australiana estima que su plasma ayudó a proteger a aproximadamente 2,4 millones de bebés, un número asombroso que refleja su compromiso y dedicación constante.
Harrison nunca buscó fama ni dinero. Se retiró en 2018 a los 81 años, cuando la ley australiana limitó su edad para donar. A pesar de su humildad, recibió reconocimientos como la Medalla de la Orden de Australia por su contribución extraordinaria. Su hija y la Cruz Roja destacan su ejemplo de altruismo y constancia, recordándonos que un corazón dispuesto puede generar un impacto que trasciende generaciones.
El 17 de febrero de 2025, Harrison falleció a los 88 años, dejando un legado imborrable. Cada vial de Anti-D producido en Australia lleva, simbólicamente, “un poco de James”, recordando su papel insustituible en salvar vidas. Su historia es un recordatorio inspirador: la generosidad y la dedicación pueden transformar el mundo, una donación a la vez.
